A continuación reseñamos algunos aspectos de la herencia dejada por Doña Ricarda según su testamento. Se trata, sólamente, de retazos del mismo que pueden dar idea de su contenido total.

Los albaceas de doña Ricarda Gonzalo de Liria y Blesa fueron Pascual Serrano Abad y Ramón Gonzalo.

Al asilo de hermanitas de los pobres les dio 5.000 pesetas.

También dejó herencia a las sirvientas. A Ángela Hernández le dejó 1.000 pesetas, dos colchones, dos almohadas, cuatro sábanas, cuatro fundas de almohadas, tres mantas, una colcha, una cama, dos manteles, cuatro servilletas, cuatro toallas, el derecho a habitar en la casa de Teruel, una pensión vitalicia de 75 céntimos diarios y la mitad de la ropa de uso; a la otra sirvienta, Rosa Izquierdo Marín, le dejó la mitad de la ropa de uso, el resto de la ropa de casa, 1.000 pesetas, la Masía de San Juan Cristóbal, el cuadro de la hija y los muebles.

A Ramón Gonzalo le dejó el usufructo de las masías de Formiche y de La Puebla y la casa de Teruel, el piano no. A su muerte se venderá y se agregará su importe a Monreal del Campo.

A los Padres Franciscanos les deja el Piano, acciones del Banco de España, un saquito con dinero y las joyas.

A Jun de Igual y Garrigas le deja la casa de Alfambra y todos los bienes de dicho pueblo.

A su muerte pasarán con pleno dominio a sus hijos y si no tiene se fundará en la casa un colegio dirigido por las Hermanas Terciarias Franciscanas para la enseñanza gratuita de las niñas pobres, y los bienes se destinarán para el sostenimiento.

A María Noguera y Aguavera y Mariano Rigolo y Alacedo le deja la masía del Chantre, y 35.000 pesetas en una caja de crédito llamada Ntra. Señora del Pilar para obras de caridad.

El pueblo de Monreal se queda con la casa y la huerta de San Juan, los Bienes de los que no ha dispuesto en Barrachina, Pobo de Molina y pueblo de Valverde.

Deja 60 pesetas (12 duros diarios) a Carmen Martín, viuda de Juan Izquierdo (padres de Rosa) o a su hijo José.

Y por último le deja a Salvadora Sanchís 5.000 pesetas.